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La participación cultural: más allá de la mera asistencia, la necesidad de compartir el poder

1 de agosto de 2026Diego Herrera5 min

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La participación cultural: más allá de la mera asistencia, la necesidad de compartir el poder

La participación se ha convertido en un término ubicuo, presente en convocatorias, proyectos europeos, programas culturales y planes de regeneración urbana. Se presenta como una promesa de democracia, inclusión y colaboración. Sin embargo, precisamente por su uso generalizado, corre el riesgo de vaciarse de significado: cuanto más se utiliza, menos claro queda lo que realmente implica.

Este no es un problema nuevo. Ya en la década de 1960, Sherry Arnstein intentó poner orden con su célebre "Escala de la participación", distinguiendo entre niveles que van desde la manipulación y la "terapia" –formas de pseudo-participación– hasta el control ciudadano. La premisa era simple y radical: no toda participación es igual, y sobre todo, no todo lo que se denomina participación lo es realmente. Hoy, esa escala resulta más útil que nunca. Términos como *engagement*, *audience development*, *coprogettazione* (cointeligencia) o *direzione partecipata* (dirección participada) parecen haber sustituido el problema por el vocabulario. Las prácticas se multiplican, pero el poder real de los sujetos involucrados no siempre crece.

El *engagement*, por ejemplo, surge en el marketing y las políticas culturales como una medida de interacción: clics, asistencias, reacciones. Sin embargo, involucrar no significa necesariamente compartir decisiones. De manera similar, el *audience development* promete ampliar y diversificar al público, pero puede quedarse en una estrategia de acceso, no de transformación. Aún más resbaladizos son términos como coprogettazione o direzione partecipata: evocan un horizonte de horizontalidad, pero a menudo se detienen en una redistribución limitada de responsabilidades, sin abordar verdaderamente las asimetrías de poder. La participación se convierte así en una retórica necesaria (casi obligatoria) pero no siempre eficaz.

La participación en la cultura como urgencia política

Que el tema está lejos de ser abstracto lo demuestra también el reciente enfoque en la participación dentro del festival LIFE de ZonaK en Milán, celebrado del 30 de abril al 21 de mayo de 2026. No fue un simple contenedor de eventos, sino un verdadero dispositivo de reflexión colectiva: tres momentos de investigación y debate sobre prácticas artísticas participativas, políticas culturales y movimientos desde la base, leídos como un posible antídoto a la creciente polarización social y la crisis de las instituciones democráticas.

Joan Subirats
Joan Subirats

La apertura estuvo a cargo de la *lectio magistralis* de Joan Subirats, *Democracia en la era de la aceleración*, que plantea una pregunta crucial: ¿cuáles son hoy los nuevos espacios del "nosotros"? En un tiempo marcado por la fragmentación y la velocidad, la participación ya no es solo una cuestión de acceso, sino de reconstrucción de vínculos. Le siguieron dos jornadas que concretaron aún más la cuestión. Por un lado, las *Buenas Prácticas de Teatro* curadas por Ateatro, que interrogan el impacto artístico, social y cultural de las prácticas de coprogettazione y cocreación. Por otro lado, el trabajo de cheFare, que propone un recorrido por la complejidad del "tomar parte", desmontando y analizando precisamente esa estratificación semántica que a menudo damos por sentada.

Es interesante observar cómo aquí resurgen, de forma viva, todas las tensiones ya identificadas por Arnstein: entre participación como herramienta y participación como redistribución del poder, entre inclusión y conflicto, entre proceso y resultado.

Una palabra inflacionada, una práctica por repensar

Es en este espacio ambiguo donde se inserta *Per una cultura della partecipazione* (Por una cultura de la participación), editado por Gloria Bovio y Oliviero Ponte di Pino (Mimesis, 2026). El libro parte precisamente de aquí: de la constatación de que la palabra participación está ya inflacionada en el vocabulario cultural contemporáneo. No para negar su valor, sino para ponerla de nuevo en tensión.

Se trata de un volumen coral, que atraviesa ámbitos diversos, desde el espectáculo en vivo hasta el arte contemporáneo, desde la regeneración urbana hasta el patrimonio, enfocando la participación como una práctica concreta, situada, nunca resuelta de una vez por todas.

Portada del libro "Per una cultura della partecipazione"

Uno de los aspectos más estimulantes es precisamente el rechazo a ofrecer recetas. El libro trabaja más bien sobre casos, experiencias, intentos, mostrando cómo la participación es siempre un campo de negociación: entre instituciones y comunidades, entre artistas y públicos, entre la planificación y lo imprevisto.

En este sentido, emerge con fuerza una cuestión central: no basta con activar procesos participativos, hay que interrogarse sobre las condiciones en que ocurren.

El umbral de la participación

Uno de los nudos que atraviesan el libro y que resuena también en las prácticas observadas en LIFE, es el del "umbral": ¿cuándo se puede decir que la participación es real?

No basta con estar involucrado, ni con ser invitado. La participación auténtica implica una redefinición de las relaciones: entre quien planifica y quien toma parte, entre quien detenta recursos y quien los utiliza.

Desde este punto de vista, el libro es valioso porque no cae en la retórica celebratoria. Al contrario, pone de manifiesto también las ambigüedades y los riesgos: la participación puede ser utilizada como un dispositivo de legitimación, como una forma de consenso, incluso como una descarga de responsabilidad.

Y es aquí donde el diálogo con experiencias como las de ZonaK se vuelve fértil: porque muestra cómo la participación, para ser significativa, debe atravesar también el conflicto, la incertidumbre, la posibilidad de fracasar.

Más allá de la participación en la cultura (¿o dentro?)

El mérito principal del volumen es quizás el de devolver la discusión a un terreno menos ideológico y más operativo. No pregunta "si" participar, sino cómo y bajo qué condiciones. La verdadera cuestión no es aumentar las ocasiones de participación, sino moverse a lo largo de la escala de Arnstein. Pasar de la consulta a la co-decisión, de la presencia a la responsabilidad. Esto implica también una revisión de los roles: las instituciones culturales no pueden limitarse a "involucrar", sino que deben estar dispuestas a ceder poder. Los profesionales deben repensar sus competencias, las comunidades deben poder incidir realmente.

Per una cultura della partecipazione no es un libro consolatorio. No ofrece definiciones cerradas ni modelos replicables. Es más bien un dispositivo crítico: obliga a quienes trabajan en la cultura a interrogarse sobre sus propias prácticas. Y quizás su valor reside precisamente aquí: en recordarnos que la participación no es un objetivo alcanzado, sino una tensión continua. Un umbral, precisamente, que se desplaza cada vez.

En un momento en que la palabra corre el riesgo de convertirse en una etiqueta obligatoria, este libro, junto con espacios de debate como los activados por ZonaK, intenta devolverle sustancia. No basta decir "participación": hay que preguntarse quién decide, quién habla, quién queda fuera. Y, sobre todo: cuánto estamos dispuestos, realmente, a compartir el poder.

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